Vakamulos en Galicia: por qué crecen los superjabalíes

“Como su tercer trabajo, Heracles debía capturarlo vivo. No podía simplemente matarlo, lo que hacía la tarea mucho más difícil. No era un animal nacido de vientre común, sino una extensión de la montaña misma. El Jabalí de Erimanto se alzaba sobre la maleza como una roca desprendida del abismo, una mole de músculos compactos y cerdas negras, tan rígidas y afiladas como agujas de obsidiana. Su aliento, una nube de vapor caliente en el aire gélido de la Arcadia, apestaba a tierra removida y a la sangre de los hombres que habían osado interponerse en su paso. Era el invierno encarnado en cuero y colmillo; una tempestad con patas que convertía los campos fértiles en cementerios de barro y astillas.
Cuando Heracles lo divisó en las laderas blancas, el jabalí no huyó por temor, sino por instinto táctico, arrastrando al semidiós hacia las nieves perpetuas. Allí, entre el blanco absoluto y el frío que detiene el corazón, la bestia destacaba como una mancha de sombra eterna, un monstruo que parecía haber sido esculpido por la propia Artemisa para recordar a los mortales que la naturaleza, en su forma más pura, no conoce la piedad. Heracles no usó su fuerza bruta, sino su astucia: con gritos ensordecedores y golpes de escudo, empujó a la bestia hacia las cumbres donde la nieve era una trampa profunda.
El jabalí, pesado y colérico, se hundió hasta el pecho. Sus patas, acostumbradas a aplastar rocas, pedaleaban en vano en el aire frío mientras el hielo le robaba el aliento. Aprovechando el agotamiento del monstruo, el héroe saltó sobre su lomo y, con cadenas de bronce, inmovilizó aquellos colmillos que habían sido el terror de la Arcadia.”-- Apolodoro, Libro II, 5, 4: "El jabalí de Erimanto"--
El mito del Jabalí de Erimanto, aquel monstruo que se alzaba sobre la maleza como una roca desprendida del abismo, encuentra hoy un eco biológico en los montes de Galicia con la proliferación del "vakamulo". Al igual que la bestia de la Arcadia, descrita como una mole de músculos compactos y cerdas negras, estos ejemplares de Sus scrofa han alcanzado dimensiones extraordinarias que los alejan del vientre común de su especie. Mientras que un jabalí estándar oscila entre los 70 y 90 kilogramos en el caso de los machos, los vakamulos se mueven en rangos de entre 140 y 200 kilogramos, con longitudes que superan los 160 centímetros, llegando a ser confundidos por su envergadura con vacas, mulos o incluso osos pardos.
Esta "tempestad con patas" que convierte campos fértiles en cementerios de barro no es producto de la mitología, sino de un fenómeno biológico derivado del abandono del medio rural. La transformación de antiguas tierras de labor de centeno y castaños en una selva de espino y zarzas ha creado el escenario ideal para su desarrollo. En este entorno, la castaña actúa como el motor de su crecimiento; al ser el fruto predilecto del jabalí, les permite acumular una cantidad de grasa y fortaleza física superior a los ejemplares del sur, logrando incrementos de peso de hasta 50 kilos entre el verano y la Navidad. Al ejercitarse en la orografía escarpada de los barrancos y cañones, estos animales desarrollan una masa muscular extraordinaria que evoca la figura de aquella bestia esculpida por la propia Artemisa.
Al igual que Heracles debió enfrentarse a un animal que parecía una extensión de la montaña, los habitantes de la Ribeira Sacra conviven con ejemplares que aprovechan los accidentes geográficos para prosperar sin presión humana. Esta protección natural les permite superar la década de vida, un hito biológico considerando que en libertad rara vez alcanzan los 8 años. En este ecosistema, la presencia del lobo refuerza su estructura social; los jabalíes se agrupan bajo la defensa de un macho alfa, un "vakamulo" que asume la función de protector, emulando la ferocidad del mito que aterrorizó la Arcadia. No obstante, a pesar de su imponente físico, estos animales presentan una debilidad orgánica: la falta de incorporación de mineral calcio en su dieta limita el desarrollo de sus defensas, recordándonos que, al final, sus colmillos son estructuras de hueso y calcio supeditadas a la química del suelo.
En la actualidad, esta "mancha de sombra eterna" se ha expandido más allá de las laderas blancas, alcanzando una población estimada de 180.000 ejemplares que ya se adentran en núcleos urbanos como Ferrol, Vigo o A Coruña. El rastro de destrucción que dejan a su paso, con daños que superaron los 4 millones de euros en 2024, ha obligado a la administración a intervenir, tal como el héroe griego utilizó su astucia para inmovilizar a la bestia. La declaración de emergencia cinegética temporal funciona como las cadenas de bronce del mito, una medida necesaria para controlar a estos superjabalíes que han transformado el paisaje y la seguridad del interior gallego, recordándonos que la naturaleza, cuando encuentra el entorno ideal, puede manifestarse con una desmesura que creíamos reservada a la leyenda.
Bibliografía
- Fernández-Caballero, J. (2021). Un jabalí ‘vakamulo’ de 150 kilos ataca a un cazador en Galicia: ‘Cargó hacia mí como un búfalo’. Jara y Sedal.
- Ferreira-Rodríguez, N., Alonso-Rodríguez, R., & Pombal, M. A. (2024). Percepción social y tendencia poblacional de mesocarnívoros y ungulados en el noroeste de la península ibérica. Galemys, 36, 31–43.