Perros domésticos: origen de la domesticación y alianza con los lobos

La mayor diversidad genética de perros se encuentra en el sudeste asiático, donde además comparten la mayor similitud genética con los lobos grises. Esto sugiere que fue en esta región donde apareció por primera vez el perro doméstico (Wang et al., 2016).
Hace aproximadamente 15.000 años, un grupo de humanos, ya acompañados por sus perros ancestrales, inició una migración hacia Oriente Medio, desde donde se dispersaron por África y Europa, llegando a nuestro continente hace unos 10.000 años. Hoy en día, no hay lugar habitado por humanos donde no haya perros.
El inicio de esta alianza se remonta a hace entre 40.000 y 30.000 años, en la era de los cazadores-recolectores. En aquel entonces, los humanos habían perfeccionado sus técnicas de caza, lo que, sumado a los incipientes cambios climáticos, provocó una escasez de presas. Ante la falta de alimento, algunos lobos adoptaron un comportamiento más carroñero. Las poblaciones humanas en movimiento, al dejar restos en sus campamentos, se convirtieron en un imán para ellos (National Geographic, 2013).
Este cambio de comportamiento redujo la agresividad de estos lobos, quienes gradualmente comenzaron a ver a los humanos más como proveedores de comida que como presas. Los humanos, a su vez, aceptaron a estos nuevos lobos, ya que su presencia cercana ayudaba a ahuyentar a otros depredadores de los campamentos.
Parece que el hambre fue el catalizador de esta unión. El lobo aprendió que era ventajoso permitir que los humanos cazaran. Pronto, empezó a acompañarlos en sus cacerías, buscando beneficiarse de los restos, pero al mismo tiempo, aportando su agudo olfato, oído y velocidad para facilitar las capturas de estos nómadas (National Geographic, 2013).
Esta asociación entre especies se fue estrechando hasta el punto de establecer una comunicación compleja. Hoy en día, nos comunicamos mejor con los perros que con nuestros parientes evolutivos cercanos como los chimpancés. Los protoperros aprendieron a interpretar nuestros gestos y lenguaje corporal, incluso a seguir nuestra mirada; de hecho, la forma en que los perros nos prestan atención es similar a la de un niño. Paralelamente, nosotros desarrollamos la capacidad de interpretar sus gestos, la posición y el movimiento de su cola, entre otras señales.
En pocas generaciones, estos animales dejaron de parecerse a los lobos, dando origen a la especie domesticada Canis familiaris, de la que descienden todas las razas de perro actuales.
La genética de los perros es más similar de lo que creemos. Un lobero irlandés, que mide un metro de altura y pesa tanto como 30 chihuahuas, solo difiere de estos últimos en un único gen.
La domesticación provocó un conjunto de cambios conocidos como el "síndrome de la domesticación": alteraciones en la coloración del pelaje, dientes y cerebros más pequeños, hocicos más cortos, colas que se vuelven cortas o enroscadas, y orejas que pierden su flexibilidad (Darwin, 1868; Fitch, 2015).
Este síndrome tiene un origen embrionario. Para que un lobo fuera apto para la domesticación, sus características debían incluir una baja agresividad y miedo, rasgos asociados al sistema nervioso simpático y a las glándulas suprarrenales, responsables de la respuesta de "lucha o huida".
La conexión entre el sistema nervioso y las características del síndrome de domesticación radica en la modificación de una población celular muy específica: la cresta neural. Estas células son precursoras de diversas estructuras, incluyendo dientes, parte del cerebro y la pigmentación. Se postula que una maduración tardía de la cresta neural habría favorecido la capacidad de domesticación del perro y, en consecuencia, los cambios físicos asociados. Aquellos individuos con un comportamiento amigable hacia los humanos presentaban una cresta neural diferenciada que permitía un mejor control de su sistema nervioso, lo que se traducía, tras el desarrollo embrionario, en características como manchas en el pelaje, hocicos más cortos u orejas caídas, entre otras (Fitch, 2015).
Finalmente, es crucial el periodo de aceptación al humano. Los cachorros de perro tienen una "ventana" de tiempo, generalmente entre los 4 y 10 meses de edad, durante la cual aceptarán la presencia humana. Fuera de esta ventana, incluso si viven con humanos, es probable que desarrollen miedo hacia ellos.
Bibliografía
- Darwin, C. R. (1868). The variation of animals and plants under domestication. John Murray.
- Fitch, T. (2015, enero 3). How pets got their spots (and floppy ears). New Scientist, 225(3002), 24–25.
- National Geographic. (2013, marzo 2). Cómo el lobo se convirtió en perro. https://www.nationalgeographic.com/animals/article/130302-dog-domestic-evolution-science-wolf-wolves-human
- Wang, G.-D., Zhai, W., Yang, H.-C., Fan, R.-X., Cao, X., Zhong, L., Wang, L., Liu, F., Wu, H., Cheng, L.-G., Poyarkov, A. D., Poyarkov, N. A., Tang, S.-S., Zhao, W.-M., Gao, Y., Lv, X.-M., Irwin, D. M., Savolainen, P., Wu, C.-I., & Zhang, Y.-P. (2016). Out of southern East Asia: The natural history of domestic dogs across the world. Cell Research, 26, 21–33.